Se encontraba la pequeña mirando a la luna para no olvidarse jamás de la promesa echa por su eterno amor, para recordar por siempre ese precioso momento en que ese dulce caballero le toma las manos y le dice “mi corazón, mi cuerpo y mi alma siempre serán tuyos”. Miraba a la luna con sus bellos ojos verdes mientras escuchaba una canción que la llenaba de esperanza de que su amado volviera como lo prometió, de que su amor no se acabara jamás y de que la luna jamás dejara de brillar.Espero por días a que su amor volviera, espero por meses a que ese dulce sabor retornara, espero por años a que ese sentimiento regresara; pero jamás sucedió, jamás volvió a sentir ese calor sobre su piel. “Eres un mentiroso” pensó ella, “Un egoísta y mentiroso que sólo piensa en su placer”. A pesar de esos sentimientos de odio, ella sabía que lo que decía sobre su enamorado no era verdad, jamás podría decirle mentiroso a esa persona que le escribió tan hermosos versos, jamás podría decirle egoísta a tan hermoso caballero.
Continuó su vida sin pensar en él, borró todo rastro de su presencia en su habitación, cuerpo y mente; era tiempo de comenzar de nuevo, de buscar un nuevo amor, buscar un nuevo caballero, un nuevo príncipe azul.
“Dormir y no despertar hasta sentir esos calidos labios, así como la hermosa Blanca Nieves y la encantadora Bella Durmiente” pensó ella; “O talvez esperar hasta que llegue mi hombre perfecto, como lo hizo preciosa Yasmín”. Pero jamás podría ser tan fácil conseguir el amor como lo hicieron ellas, además de que jamás podría volver a encontrar a otro hombre tan encantador como su antiguo, pero nunca olvidado amor.
Un día, aburrida de su soledad y su tristeza, la hermosa “princesa” decida quitarse la vida, con la excusa de darle su vida a alguien más, enterrándose un cuchillo termina por fin su sufrimiento, y el del que iba a ser su primer hijo.
El hermoso caballero llega donde su amada con el fin de pedirle perdón, que regrese a sus brazos una vez más, que es capaz de regalarle la luna, las estrellas, el cielo, la tierra, lo que sea para que estuvieran juntos hasta el fin del espacio, del tiempo y del universo. La encuentra tendida en su cama, la tristeza la mató. Él sólo desea poder escuchar su dulce voz, sólo quiere volver a besar sus labios y sentir su corazón; imitando el acto del encantador Romeo se entierra el mismo cuchillo que su amada tenía en su vientre y así, por siempre, estarán juntos sumidos en un sueño profundo que durará hasta el fin de los tiempos.
Lo que un día fue amor, ena amargura se volvió... ♪



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